En una tierra lejana, donde los dragones y la magia aun existían, donde los príncipes lideraban batallas contra otros reinos y donde lo principal para una chica era verse bien (así tal vez podía enamorar a alguien de la realeza y/o nobleza), vivía Zai, una chica que tenia su casa a las afueras de la comarca.
Ella y su hermana Gebu habían estado a lo largo de sus vidas manteniéndose con la ayuda de su abuela Luna.
La anciana les había enseñado a sembrar, cocinar, coser y tejer para que pudieran valerse de por si mismas cuando ella iba de viaje y, más adelante, cuando ya no estuviera.
Al otro lado del reino se encontraba un hombre malo, de negro corazón, llamado Geox. Aquel hombre era tan cruel que su esposa había muerto en uno de sus ataques de ira. Lo pero fue que no lo llevaron a prisión porque era uno de los primos del rey, en otras palabras un duque.
Geox tenía un hijo llamado Tooz, que sufría la terrible suerte de ser el único descendiente de aquel malévolo hombre.
El muchacho, a diferencia de su padre, era humilde y caritativo. Le gustaba aprender y ayudar al príncipe con sus deberes.
Tooz, triste porque ya hacía un año que el hijo del rey se había marchado a la guerra, seguía el sendero de un riachuelo el cual, mientras mas caminaba, se volvía rió. A lo lejos divisó una pequeña casa con un huerto y un tendedero. "¿Qué hará tal persona viviendo tan lejos?" pensó mientras avanzaba por la orilla del río.
Aquella casa estaba tan lejos de la ultima casa de campo, que había pasado ya hace 30 minutos, y si se cruzaba el río se encontraban con el bosque. Todos sabían que los lugares deshabitados eran peligrosos y estaban llenos de criaturas.
Al llegar a la morada y ver que la puerta estaba abierta, entro. Al interior vio a dos chicas, una notoriamente mayor que la otra, que al verlo se asustaron.
Zai, que estaba barriendo, al notar que un desconocido entraba a su casa tomo la escoba y se puso en una posición defensiva.
-¡Hey! ¿Qué haces aquí?
-Disculpa, venia por el río y vi esta cabaña... no pensé que alguien viviera aquí.
-Pues ya vez que sí. Ahora ¡largo!